Hiram Calógero. Fotografías a pincel.

Pionero en la experimentación entre fotografía y procesos pigmentarios, el fotógrafo Hiram Calógero (Córdoba, 1885 - Rosario, 1957) se especializó en la técnica del bromóleo. Curada por Francisco Medail, esta exposición -proveniente de las colecciones de José Luis Lorenzo, Norberto Puzzolo y el Museo Marc- reúne documentos y parte de su trabajo fotográfico experimental en gelatina de plata, blomóleo y gelozobromia.
Si está todo por hacer ¿por dónde comenzamos? Esta pregunta sea quizás el primer desafío que surge al momento de poner en valor una figura tan olvidada como Hiram G. Calógero (1885-1957). Para hacerlo, podemos intentar recuperar sus datos biográficos, restablecer sus vínculos con instituciones y colegas, concentrarnos en analizar formalmente su obra o preguntarnos por los motivos que condujeron a su olvido.

Calógero nació en Córdoba el 5 de agosto de 1885. Hijo de inmigrantes italianos radicados allí en 1879, desde muy joven se estableció en Rosario donde se recibió de Contador Público en la Escuela Superior Nacional de Comercio, institución en la que ocuparía posteriormente los cargos de profesor y de director. Agreguemos que perteneció a la Orden Masónica Universal, en donde alcanzó el grado 33 del Rito Escocés Antiguo y llegó a ocupar el cargo de Gran Diputado del Supremo Consejo para la República Argentina. También fue contador, Ministro de Hacienda y Obras Publicas durante la intervención Nacional en San Juan entre 1921 y 1923, fundador de la Universidad Popular de Rosario, miembro de la Comisión Investigadora de Finanzas y gerente del banco de la Provincia de Santa Fe.

¿Por qué empezar por estos datos? La respuesta es que constituyen la primera información, sino la única, que surge al rastrear su nombre en archivos públicos, catálogos de bibliotecas o sitios de internet. Ahora bien, una investigación más extensa y exhaustiva nos revela que Calógero fue miembro fundador de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos en Rosario, promotor de la Federación Argentina de Fotografía, presidente de la Peña fotográfica Rosarina, coautor de la técnica de gelozobromia, editor del único libro sobre procedimientos pigmentarios de fotografía en Argentina, fundador del primer Fotoclub de Rosario y colaborador de varias revistas fotográficas especializadas del país. Calógero también fue ganador y jurado de un sinfín de salones y premios fotográficos nacionales e internacionales. Además, es el único argentino que integra la colección de la reconocida Sociedad Francesa de Fotografía. ¿Cómo es posible entonces su omisión en las páginas de nuestra historia?

Hiram G. Calógero fue un artista que hizo uso de la fotografía para producir sus imágenes. Especializado en la técnica del bromóleo, Calógero se inscribe en la tradición de los denominados fotógrafos pictoralistas, movimiento que basaba sus premisas en el principio de que una fotografía debía ser juzgada con los mismos parámetros que cualquier otro tipo de imágenes artísticas, como el grabado, la pintura o el dibujo. En oposición a los avances tecnológicos y la cada vez mayor fidelidad del registro de la cámara, el pictoralismo sostenía que la imagen fotográfica se había vuelto excesivamente real, lo cual hacía necesario apelar a la intervención personal del artista, ya que esta no era juzgada en términos de verosimilitud sino a partir de los valores estéticos de la época. En ese sentido, se recurría a los llamados procedimientos de arte o procedimientos pigmentarios, que consistían en sustituir las sales de plata por pigmentos aplicables con pincel para permitir una intervención personal. Calógero fue pionero en esta técnica. Su libro Procedimientos de arte en fotografía, editado por la revista Correo Fotográfico Sudamericano en 1942, es el resultado de veinte años de investigación. Se convirtió rápidamente en un manual de consulta recurrente. Además del bromóleo, aparece en detalle el proceso de gelozobromia, técnica que inventó en coautoría con Ottorino D'Accierno, su maestro desde joven. Dado los requerimientos espaciales que estas técnicas demandaban, Calógero y sus colegas rosarinos Chapel y Lacassín alquilaron un espacio de taller al que llamaron CACHALAC, nombre compuesto por las primeras letras de los tres apellidos. Allí también daban clases a sus alumnos y realizaban algunas sesiones de desnudos, aunque la mayoría de las fotografías de Calógero fueron tomadas en los alrededores de su casa de Achiras, en las sierras cordobesas, donde falleció en 1957.

El paisaje, la naturaleza y el desnudo han sido los temas centrales que el pictoralismo supo atender. Este movimiento tuvo su esplendor en Estados Unidos y Europa hacia finales de siglo XIX y comienzos del siglo XX. En oposición al pictoralismo, surgió pronto el llamado purismo fotográfico, una concepción estética basada en la premisa de que la fotografía tenía su propio carácter intrínseco y valor artístico. Para los defensores de esta corriente, el valor de una imagen fotográfica dependía exclusivamente de la fidelidad a este carácter. Desde una perspectiva histórica, esta oposición entre purismo y pictoralismo puede entenderse como la necesidad moderna de constituir a la fotografía como un campo disciplinar autónomo. Sin embargo, lo que parece un conflicto lejano sigue teniendo consecuencias en la actualidad. Mientras que en los países desarrollados la predilección por el purismo no supuso la borradura de su pasado, en Argentina el proceso fue diferente. Una vez alzadas las banderas de la fotografía purista, fotógrafos e historiadores emprendieron la tarea de desacreditar al pictoralismo reduciéndolo a una “absoluta sumisión de las reglas de la pintura tradicional” y repitiendo hasta el hartazgo cronologías importadas que tildaban a dicha producción como un “atraso” para el desarrollo de la “verdadera” fotografía. En su afán esencialista, la historiografía local se encargó de relegar a un segundo plano, o a omitir por completo, toda practica fotográfica que implicase una intervención previa o posterior a la toma y no se limitara al uso directo de la cámara fotográfica.

Con el correr del tiempo el pictoralismo sufrió una serie de transformaciones hasta convertirse en la línea estética que solemos reconocer bajo la categoría genérica de fotoclubismo, caracterizada por la crítica como anacrónica e ingenua. Lejos de omitir su existencia, se impone como necesario repensar su lugar en nuestra historia. En este sentido, destacamos en el espíritu del movimiento su voluntad de experimentación, la supremacía de los resultados por encima de los métodos utilizados y la actitud reticente a aceptar de forma tácita los limites aparentes del medio. Estos valores, que luego fueron continuados por las vanguardias históricas y llegaron al arte contemporáneo, son reconocibles en la obra de Hiram G. Calógero. Sus fotografías constituyen un testimonio del interés por explorar las potencialidades de una nueva herramienta artística en relación con otras disciplinas. No es menor el gesto desprejuiciado de quienes adquirieron estas piezas al creer que en ellas había algún valor que ameritaba conservarlas. A diferencia del resto de sus compañeros, cuyas obras continuaron el inexorable destino de la basura, Calógero logró sobrevivir al olvido. Esta exhibición debe ser entendida como un homenaje tanto a quienes conservaron su memoria como a sus amigos ausentes, cuyas imágenes no han llegado hasta nosotros.

Francisco Medail