Arte Colonial I Parte

La mayoría de las piezas de la colección de Arte Colonial del Museo Histórico Provincial provienen del siglo XVIII, época en el que los intereses políticos de aborígenes, criollos y mestizos comenzaron a disputar sus espacios de poder en la región surandina.
Retablo colonial - Foto: Raúl D'Amelio
Las pinturas religiosas que realizaron los artistas nativos en base a imágenes provenientes de Europa; los objetos de plata labrados a partir de la explotación del Cerro Rico del Potosí; y la imaginería creada bajo la guía jesuítica, adquirieron en esos tiempos los rasgos excepcionales de una identidad propia.

La colección de Arte Colonial que gestara Ángel Guido se origina en ese análisis, antes incluso de la inauguración del museo en julio de 1939, materializando una concepción de la historia nacional que hizo confluir el pasado indígena y el hispánico. El nacimiento de esta colección se reivindicó “como fuente para la construcción de un arte nacional y moderno, que consolidara una estética americana”.

La identidad nacional fue el centro de los debates y enfrentamientos políticos de los intelectuales del país en las primeras décadas del siglo XX. El más notorio de los ensayos de esta construcción estético-ideológica es la que esbozara Ricardo Rojas en Eurindia (1924), donde “lo nacional” se define en un marco americano anterior a la Revolución de Mayo de 1810 que exalta el mestizaje hispano-indígena. En este contexto nació el Museo Histórico Provincial, por la voluntad de su mentor: Julio Marc, y su colección de Arte Colonial revela esas circunstancias. Nuestro aporte en esta nueva etapa del museo es proponer nuevas lecturas de estas magníficas colecciones, comprendiéndolas, para generar nuevos debates.